
Wadu-Wadu cumple treinta años. Grabado y editado en 1981, fue el primer larga duración de Virus, la banda de los hermanos Moura, y un soplo de aire fresco para la cultura rock argentina. Mas no fue elegido mejor disco del año ni es considerado la mejor producción del grupo. Sin embargo, marca un punto de inflexión en la línea histórica de la música popular argentina y el inicio de la carrera discográfica de un grupo que estableció nuevas pautas a la cultura pop de Latinoamérica.
“Formado por Mario Serra (30, batería), Ricardo Serra (25, guitarra), Enrique Buguetti (sic) (24, bajo), Marcelo Moura (21, teclados), Julio Moura (24, guitarra) y Federico Moura (29, voz), este grupo comenzó a trabajar hace algo más de tres años. En un principio se llamaban Duro y surgieron en la zona de City Bell. Actualmente han terminado su primer álbum, el que será editado por CBS. Su música tiene directas influencias del punk y la nwe-wave, al igual que la imagen de la banda. Combinan música de los ’60 con pop y rock n’ roll clásico, y cierto aire reggae. Su estilo es agresivo y su música invita al baile”.
Aunque con algún error gramático, la escueta reseña de uno de los primeros conciertos de Virus en la ciudad de Buenos Aires publicada por la revista Pelo sirve como un breve recuento histórico y como testimonio de una época a la que el grupo platense pondría fin. Corría el año 1981 y la languideciente dictadura militar abría ciertos canales de expresión y preparaba una salida decorosa de los líderes políticos del siniestro “proceso de reorganización nacional”.
En el mundillo de la música joven, los sofisticados Serú Girán y Spinetta Jade eran los grandes grupos del momento, en línea con el pulso sinfónico y el tono solemne de una era gris. La música nueva, por más buena que fuera, no invitaba a salir de la opresión anímica ni a sacarse el tufo de años de encierro. En ese contexto aparecían los Moura con Virus que, como señalara Sergio Pujol en Rock y dictadura, “parecía ser un paso atrás en la evolución”.
Somos tontos de lenta evolución
“Que se reúnan Manal y Almendra yo lo veo como una intención que no me parece buena, porque siempre acá se mira muy para atrás. Es como un mal del país. Por ahí vende, pero no creo que sea positivo. El rock debe ser un movimiento musical de vanguardia. Que los tangueros canten temas de principios de siglo está bien, pero en el rock no tiene nada que ver”.
Así decía el rostro visible de aquel grupo de rock moderno, Federico Moura. Federico era el mayor de los tres hermanos del grupo y la persona que le dio el viraje definitivo a la identidad musical, compositiva y estética a la banda. Su delicada voz, de dicción demasiado correcta, su distinguida figura, de cierta ambivalencia sexual, su hipnótica elegancia y su postura rupturista pusieron a Virus a la vanguardia de todo el movimiento del rock argentino, incluso por encima de gente que, como él, traía las nuevas modas de Europa, como Miguel Cantilo o Miguel Abuelo.
Federico tenía una sensibilidad fuera de lo común, que aplicó a la música en su adolescencia, luego en la arquitectura y más tarde en la moda, ámbito donde llegó a hacerse de una muy respetable reputación en el circuito porteño de fines de los setenta.
Es por aquella época que el artista plástico Alberto Magnasco recuerda que, repentinamente, se enteró de que su amigo Federico abandonaba Limbo, su úlitmo local de moda, para volcarse a la música: “yo me lo encuentro en el colectivo 10 y me dice ‘Alberto, no hago más nada con la ropa, me voy a dedicar nada más que a la música’”.
Para Margarita Venturini, amiga de ambos, la música siempre estuvo pendiente para Federico. "Él no hablaba mucho de sus cosas, pero siempre estuvo buscando un camino: probó con la arquitectura, probó con la ropa, hasta que se dio cuenta de que lo suyo era la música", evalúa Margara, compañera nocturna de Federico, con quien convivió unos meses durante aquellos años. "Lo suyo era transmitir mensajes a través de la música" dice con firmeza la mujer que le trajo a Federico los primeros discos de The Clash.
Magnasco, quien fuera el encargado del diseño del segundo álbum de Virus, Recrudece, recuerda esos años como una bocanada de aire limpio luego de varios años oscuros. “En esos años, más posmodernos, en los lugares que íbamos a bailar con Federico tipo New York City, creo que no solamente no pasaban Virus sino que ni siquiera pasaban música en español”, recuerda. Sonaba música disco, glam, Madonna, Blondie. “Era muy raro –piensa desde el presente- porque Federico, después de un recital, iba a bailar y nunca iba a escuchar en ese lugar la música de Virus”.
No muchas figuras del rock iban a bailar a esos lugares. No eran, en realidad, épocas en las que fuera fácil salir a bailar. En cualquier momento, en cualquier lugar y por cualquier motivo podía irrumpir en un club, disco o fiesta un grupo de tareas y hacer lo suyo. Lo mismo que hicieron con Jorge, el mayor de los hermanos Moura, quien aún permanece desaparecido. Pero Federico estaba para romper moldes.
En aquella densa realidad, cuando los músicos eran espiados por los servicios de inteligencia y los discos era pasaban obligatoriamente por el tamiz de la censura militar, Federico salía a bailar a clubes clandestinos como "La oficina" de Once, donde se trabaja de mañana y se bailaba de noche, y catalogaba a los años de plomo simplemente como tiempo perdido.
“Al humor de Federico yo nunca lo volví a encontrar en nadie –afirma Magnasco-. Porque era una persona que podía hacerte reír de algo que en realidad era horrible”. A las críticas por la supuesta liviandad de su música y sus letras, se le sumaban cuestionamientos al desenfado de Virus en su actitud sobre el escenario. En el análisis de sus detractores subyacía el clima lúgubre que habían logrado años de represión física y mental aplicada desde el Estado. La dictadura había cumplido el objetivo de vaciar las universidades, los comités, las unidades básicas pero, sobre todo, había cubierto de un velo de melancólica solemnidad la vida social, acuciada por el terror y extraviada en el inhallable paradero de miles de personas. A esa realidad nació Federico Moura, el frontman de Virus, el que se ponía remeras amarillas sin mangas y se maquillaba para salir al escenario, el que llamaba a cambiar la onda, el que nos invitaba a bailar. “De algo horrible, una cosa espantosa, Federico podía hacerte reír”, repite Magnasco.
A la música hay que levantarle la pollera
“Cada generación quiere tener sus símbolos. Y en estos momentos no hay. No existe nadie que signifique para la gente lo que en su momento significaron Manal, Almendra o Los Gatos”.
Así decía Federico Moura en 1981, el principal compositor y letrista de Virus, en coautoría con Roberto Jacoby. Nunca se supo, en verdad, qué grado de incidencia tuvo el multifacético artista Jacoby en las letras de Virus, aunque sí está claro que fue relevante. Federico y él compartían por aquellos años una mirada ácida del ser argentino y un humor difícil de encontrar en la gente de su generación.
“Para Federico no había nada que fuera sagrado”, define Magnasco. Era una especie de sofista: “vos estabas hablando de algo y de repente te daba vuelta la conversación y lo que para él era sagrado se terminaba convirtiendo en una gran mierda que no valía la pena respetarla”, rememora Magnasco. “Federico era así”, senciallamente.
“Veía a los demás como unos bajones”, confirma el artista plástico. “Y no por una cuestión de frivolidad o no siendo sensible a ciertas cosas”, aclara. Aunque los acusaran de frívolos, Federico nunca quiso sacar a la luz la desaparición por motivos políticos de su hermano Jorge ni echó mano de ello cuando se les pedía mayor respetuosa solemnidad. Además, Virus fue el único de los grupos de cierto renombre que en 1982 se negó a participar del recital que organizara la dictadura con el falaz fin de ayudar a las legiones argentinas en Malvinas, durante la guerra.
“Ésa es la historia de Federico; Federico tenía esa historia de los verdaderos artistas que se podían considerar de vanguardia, que tampoco lo sentía pero tampoco le impedía seguir avanzando. No se entregaba, nunca le escuché que dijera no, esto no lo puedo hacer, esto no lo puedo decir”. Y esta, la de Wadu-Wadu también es su historia.
Solo quiero sacudirte
Wadu-Wadu, el primero de los siete álbumes de Virus con Federico Moura como integrante, se grabó entre el 29 de septiembre y el 15 de noviembre de 1981 en los herrumbrosos estudios de la CBS, la discográfica que editó el disco. La grabación se hizo en 16 canales, con el grupo tocando su repertorio en vivo. Se registraron 15 canciones, entre las que figuran los clásicos “Wadu-Wadu”, “Caliente café”, “Densa realidad” y “El rock es mi forma de ser”. Los temas están cruzados por la sencillez de las composiciones y lo conciso de las ejecuciones instrumentales, que son el contrapunto de las extendidas interpretaciones de los músicos de rock de la época. Las letras, el signo más distintivo del álbum, son la gema de la crítica social y política envasada en líneas de un humor ácido y una ironía perspicaz, muy a menudo llevada a la práctica en diálogos entre la voz principal y los coros. Las satíricas letras focalizadas en las estrellas de televisión (Super color), las figuritas de la música pop (Cantante farsante), la liberación sexual (Amor o acuerdo), las vanguardias artísticas (Soy moderno, no fumo) o los melancólicos incurables (Tontos de lenta evolución) fueron un haz de luz que estallaría en las manos de un público acostumbrado a las letras crípticas y la música para oír sentado.
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