
"Juventud, s: Período de lo posible" (Ambrose Bierce, Diccionario del diablo).
En 1998, un grupo de jóvenes sexagenarios del barrio Meridiano V decidió vivificar los colores de su vecindario y arrebatarle a las páginas amarillas de la historia la vieja estación del ferrocarril provincial. Ellos, criados al calor de la vorágine y el rítmico andar del tren y sus viajantes, cuando en la espaciosa calle 17 se erguían las más pintorescas casas de la ciudad y los comercios de la zona rugían en la actividad diaria, dieron un golpe de electroshock a aquel extremo del cuadrante fundacional. Desde entonces, en Meridiano V, la juventud es un término difuso o, al menos, discutible.
De aquella primera toma de la vieja Estación Provincial de La Plata a la fecha muchas cosas cambiaron. El tapiz sepia que cubría el límite sur de la ciudad se levantó para descubrir un recorrido vintage, cruzado por la nostalgia del adoquinado y las ventanas de chapa pero adornado por el colorido de ferias y exposiciones constantes, los muchachitos con guitarras al hombro y los cirqueros y bailarines, jóvenes, viejos.
Uno de esos jóvenes (o viejos) abandonó el barrio. No era de aquí, tampoco del lugar hacia donde fue. Pero él fue él en Meridiano V. Y concibió, allí, una obra que lo representa a él allí, en ese barrio que fue dado por muerto y hoy es un faro para la cultura en La Plata.
La vida que vos quieras
-“Siempre viví por el barrio –me cuenta Javier Maldonado, músico, compositor, poeta-. Después viví en otras zonas; viví cerca del Parque Saavedra, pero inevitablemente caía en el Meridiano V porque había movimiento”.
Javier habla desde su experiencia, desde el recuerdo de sus divagues por 71 hasta 13 y de ahí de vuelta hacia la Estación, para tomarse una caña en compañía de un amigo o jugar un pool en el bar de la esquina. Un pool que ya no existe y que para Maldonado es la metáfora, el presagio de que, si no se conserva con celo lo hecho, el barrio puede mutar en un San Telmo platense, un circuito for export.
-“Buenos Aires ha perdido, desgraciadamente, la identidad –me dice, no con poca pena, Maldonado-. Buenos Aires siempre fue la cuna de la música en Argentina y Latinoamérica básicamente por el tango. El tango, hoy, no sé debido a una política o una circunstancia social, fue desapareciendo. En Buenos Aires da pena que no se alimente esa cosa porteña y tanguera, que todo se venda, que se haga tango for export. Y hay una cosa engominada y artificial respecto al tango. Creo que eso junto con otras cosas hizo que la ciudad pereciera y crecieran las ciudades periféricas”.
Pero, ¿quién es Maldonado? Javier Maldonado nació y s
e crió en la ciudad bonaerense de Nueve de Julio, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Su juventud, en cambio, la pasó en La Plata. Y, en buena parte, en Meridiano V.
-“Creo también que La Plata es una ciudad muy particular, desde el punto de vista de que fue preconcebida, que fue hecha con una idea de crecimiento y esperanza. Es una ciudad masónica, tiene muchos misterios y tiene desde un primer momento toda la historia de los túneles, de los edificios estatales dándole la espalada a la Catedral, los túneles; (yo vi uno en el Meridiano V –me comenta-, son impresionantes). Y también dicen que La Plata fue fundada bajo una especie de maldición, con lo cual las cosas que pasan acá sólo pasan acá”.
Lo que pasa acá, dice Maldonado, es que hay un espíritu diferente para hacer música. Es “una ciudad más ramonera”, según sus palabras. Sin pretensiones cool, con el desparpajo de la independencia y autorealización, y con la adoración activa de un olimpo de dioses paganos de la cultura que reflejan el ánimo despreocupado e irreverente de los músicos platenses: Virus, Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota y, sobre todo para esta generación, Mister América, una banda a la que sólo era posible acceder viniendo a la ciudad. Esa herencia, ese desapego por las convenciones de un género –como el rock- creado por la industria discográfica es, para Maldonado, “clave para explicar por qué una cosa tiene mística y otra no”.
Texturas de la Vieja Estación
-“Y La Plata es una ciudad joven, aunque, casualmente, el Meridiano V no: la periferia de la ciudad es de los platenses y el centro de los estudiantes. Y en el Meridiano hay mucha casa, mucho barrio, mucha vida, mucha fiesta”.
Es eso, la simple belleza de un barrio con espíritu de barrio lo que Maldonado vuelca en “Musas domésticas en el Meridiano V”, su segundo disco, editado a fines de 2010. Según el compositor, intérprete, arreglador y productor de la obra, el disco es “el eterno paseo que daba yo por las noches de allá. Involucra también algún concepto de pueblo. Ahí, en el Meridiano V es como que viví una parte del pueblo que no había tenido cuando era pibe. Sumado a que había un movimiento cultural que se estaba gestando y que iba en progreso o construcción hacia algo mejor, con la feria, la artesanía, la música, la cultura. Eso yo lo vi y quise hacer un disco que tuviera un poco de todo ese bagaje”.
El disco, un precioso compendio de diez canciones frescas y poéticamente delicadas, lleva al oyente de paseo por las imágenes y los perfumes del barrio, a través de un sonido retro, alcanzado mediante el uso exclusivo de instrumentos analógicos. Incluso, el disco fue grabado a la vieja usanza, con el grupo de Javier Maldonado tocando en vivo y capturándose todo el sonido mediante micrófonos.
-“Yo quería que el disco tuviera un sonido platense. Una estructura de banda, ya que acá priman las bandas de rock. Prima esa idea de banda de rock y todo el divague del Meridiano V sí es personal. Pero también en el Meridiano V escuché a bandas como Mister América que me llevaban directamente a ese lugar, es un concepto general de cosas: estar en un bar o estar en el otro, los amigos. No tiene canciones de amor el disco, sino que más bien tiene un concepto de construcción, de pureza y de crecimiento. Es un disco esperanzador. Fresco, muy vivo y tiene un concepto de esperanza que a mí me inspiró el barrio”.
A razón del cariz musical del disco, sereno, acunado en la vibración de grupo de salón, su autor planea editarlo en formato de vinilo. “Me interesa este disco porque tiene un sonido y un aire de vinilo –asegura Maldonado-. Y está pensado para que, si lo ponés de principio a fin, dé la sensación de estar escuchando al grupo en vivo: la guitarra siempre está en el mismo parlante porque tiene una mezcla estilo vivo, armado en estructura de banda, sin efectos. Y además de estar grabado en vivo, tiene la esencia de lo que pasaba antes con la música. Hoy básicamente graba cualquiera, a partir de que hay mejoradores de cualquier cosa: yo no uso afinadores ni nada, lo que es casi un pecado”.
Hay, allí, otro punto de relieve: la concepción de la música en la propuesta de Javier Maldonado. La música como aquello digno de celebrarse en sí mismo, sintiendo sus pulsaciones y colores en el aire. Algo del tango.
-“Yo escucho tango desde siempre y toqué en orquestas de tango, fui pianista. Y la verdad que el nexo está desde ese lugar. Toco cada tanto y voy a milongas en Buenos Aires, trato de aprender y ver cosas que me gustan”.
Desde ese punto de vista, dice Maldonado, y de cómo toca e interpreta sus canciones hay una cohesión entre su obra y el universo del tango. “Y otra parte elemental que es la poesía: estar pendiente del nivel poético de una canción es mi preocupación porque es algo que me genera, que me gusta. Hoy por hoy sé más de escritores que de músicos y creo que el tango tiene los mejores poetas de la historia de la música popular mundial. Ni el rock, ni el folklore ni el jazz le llegan a los talones al tango y sus poetas”, sentencia. Y añade: “a mí no me interesa tener una banda de rock y no decir nada. Y cuanto más aprenda de los tangueros me voy a sentir más cómodo, se trata de eso, intento eso”.
Como en una ruta del rejuvenecimiento eterno, donde el envejecer es sólo una parte del ciclo, Maldonado deja el bar donde conversamos anunciando que está pronto a visitar Montevideo para presentar el disco. Que también irá a Brasil y que, en Palermo, su viaje continúa. Anochece y me recuerda que pronto estará con sus laderos tocando en la Vieja Estación, porque como dice el tango siempre se vuelve al primer amor y porque su camino, un camino falsamente solista, se transita en conjunto, como en el fondo hace la gente del Meridiano V.
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“Musas domésticas en el Meridiano V”, el segundo disco de Javier Maldonado luego de “Calle España” (2008), fue grabado por Alfredo Calvelo en los Estudios Hollywood de City Bell durante 2010. Todas las canciones son obra de Maldonado, quien fue acompañado por su amigo Jorge Leguizamón, Teodoro Caminos, Christian Páez y Eduardo Carreras en la grabación. “Mi liberación”, tercera canción del disco, ya tiene su videoclip, realizado por Hernán Jacinto. “La vida que vos quieras”, dedicada por el autor a un amigo y sus caminatas con él por el barrio, también tendrá su video, lo mismo que “Rumbo al rosedal”, canción que a decir de Maldonado “habla un poco de la niñez y de llegar a algún lugar y de cubrir en uno mismo o en un barrio las cosas simples de la vida. Y esas cosas simples están siempre ordenadas en una temática de barrio”.
JAVIER MALDONADO - MI LIBERACION from Hernan Jacinto on Vimeo.

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