“A los seis años alguien me puso en las manos un libro con un caballo en la tapa. Esa misma noche yo fui ese caballo. Al día siguiente ninguna otra cosa me interesaba. Quería mi pienso, preferiblemente con avena y un establo con heno limpio y seco. Nunca antes había escuchado las palabras pienso, avena, heno, pero sabía que como caballo necesitaba entenderlas. Durante una semana pude haber sido Black Beauty pero fui Azabache, en una traducción inteligente y libre. Fui caballo de tiro y caballo de alquiler, recibí latigazos, estuve a punto de morir, fui rescatado... y llegué a la última página. Entonces, con terrible dolor, volví a mi cuerpo y levanté la cabeza: el resto del mundo todavía estaba allí. 'Deja eso que te va a hacer mal', decía mi madre. 'No se lee en la mesa', decía mi padre. Entonces descubrí que podía volver a empezar. Y otra vez fui Azabache y otra vez y otra vez. "Después descubrí que podía ser un pirata y muchos, y la ciudad de Maracaibo y ser hombre, manatí, horror o piedra. Lo que acababa de empezar en mi vida no era un hábito: era una adicción, una pasión, una locura.” (Confieso que he leído, publicado en Benjamín -Boletín de ALIJA-, N° 21, diciembre de 1999).
Shua inició su carrera muy joven, a sus dieciséis años, cuando publicó El sol y yo, un libro de poemas. Trece años más tarde, en 1980, se conoció su primera novela, Soy paciente, y al cabo de cuatro años, su primer volumen de microrrelatos (La sueñera), género del cual se transformó en referente. Su obra cuenta con decenas de títulos, entre los que pueden encontrarse cuentos, guiones teatrales y literatura infantil. Ha trabajado como periodista, publicista y guionista de cine, adaptando algunas de sus novelas, como Los amores de Laurita.
- Siendo usted una autora versátil ¿Qué característica cree que debe tener un autor para abordar distintos géneros sin perder un estilo?
El estilo o, en todo caso, la escritura, es uno mismo. No se lo puede perder. Al contrario, a veces uno se esfuerza por librarse de su escritura y no hay manera. En todo caso, lo que debe proponerse quien pretenda ser un buen escritor, es conseguir la máxima calidad literaria posible en cualquier género.
- ¿Cuáles son los géneros que más satisfacciones le han dado y cuáles los que más problemas le causaron?
La ficción en general me ha traído muchas alegrías, ya sea en novela, cuento o microrrelato. El microrrelato es el que me trajo más elogios de la crítica, pero mis novelas son más leídas por el lector común, lo que también es una satisfacción. El humor costumbrista sí que me provocó problemas serios. Mi libro para adultos más vendido es El Marido Argentino Promedio y el único que quisiera borrar de mi historia. Me produjo un grave desprestigio, casi barre con mi lugar de escritora.
Se considera microrrelato a una narrativa literaria distinta de la novela o el cuento por su extensión. Su principal característica es la economía de palabras y, a menudo, presenta un descenlace inesperado con respecto al los sucesos narrados, quebrando las expectativas del lector sobre su final. Su origen en los bestiarios de la Edad Media pero su popularidad, en nuestro medio, tiene su erupción en los ’50, cuando con Bioy Casares y Jorge Luis Borges realizan la antología Narraciones Breves y extraordinarias, donde aparecen relatos de dos páginas hasta dos líneas.
- ¿De dónde proviene su interés por el microrrelato?
Cuando yo nací a la literatura, el microrrelato ya estaba allí. Lo practicaban todos los grandes escritores argentinos: Borges, Bioy, Cortázar, Denevi…Y ya estaban trabajando también en México Arreola y Monterroso. A mí me gusta todo lo que sea literatura de ficción, todas las formas posible de narrar. De modo que, ¿por qué no?, empecé a escribir también microrrelato, muy joven, junto con mis primeros cuentos. La Sueñera se publicó en 1984, pero yo empecé a escribirla en 1975, con la intención de mandar textos al Concurso Permanente de Cuento Brevísimo, que convocaba la revista mexicana El Cuento, de Edmundo Valadés.
Durante la charla, Shua admitió que La sueñera, es la obra por la que más afecto siente aún hoy. “Porque fue la primera –dijo-, no tenía que luchar contra ninguna obra anterior, había una espontaneidad y una importancia puesta sólo en el texto y no en la publicación”. Otra de las “especialidades” de Ana María Shua es la literatura infantil. Su vasta producción de libros para niños y jóvenes, la convirtió en un importante referente dentro de este género en la Argentina. Desde 1988, con La batalla de los elefantes y los cocodrilos, y hasta Diario de un viaje imposible (2010, en colaboración con Lucía Laragione) ha editado doce títulos para el público juvenil.
- ¿En qué enriquece a un autor el hecho de escribir obras infantiles?
La literatura es Una y Única. Escribir para chicos es explorar otra de sus ramas, no menos fascinante que las demás. La literatura infantil se define por el receptor. El lector es alguien que no ha completado su razonamiento lógico, que tiene menos vocabulario y menos experiencia en la vida. Esos son los límites y allí está el desafío. Está probado que dentro de esos esos límites se pueden producir grandes obras de arte, como los poemas de María Elena Walsh, los cuentos y novelas de Roald Dahl o los de Lewis Carroll o Andersen.
-¿Por qué cree que existe una preminencia de autoras femeninas en ese rubro?
Atención: en literatura infantil argentina tenemos una tradición de autores varones importantísima: Horacio Quiroga, Álvaro Yunque, Germán Berdiales, José Sebastián Tallón, Javier Villafañe… Sin embargo, admito que las mujeres eran mayoría en otras épocas y la explicación es muy simple. Mientras la literatura infantil fue un campo de trabajo desprestigiado y mal pagado, casi todas las autoras eran mujeres. En los últimos años, a medida que se convirtió en un trabajo profesional, bien pagado, y de a poco con algo más de prestigio, cada vez más escritores varones se dedicaron al género: Gustavo Roldán, Ricardo Mariño, Marcelo Birmajer, Pablo de Santis, Fernando Sorrentino, Luis Pescetti, entre muchísimos otros.
- ¿Qué lugar ocupa la literatura y qué ha debido modificar en la era de las comunicaciones 2.0?
Me parece que lo que cambió es el soporte, no la literatura. Ocupa más o menos el mismo lugar de siempre: atrae a una escasa elite que hoy prefiere leer a jugar en la compu o mirar televisión y en otras épocas prefería leer a patear una pelota, cocinar tortas o jugar a las cartas. Siempre somos pocos en número relativos, pero como la población del mundo aumenta tanto y el analfabetismo retrocede, cada vez somos más.
- ¿En qué etapa de su producción se encuentra? ¿Puede adelantar algún dato de sus próximas publicaciones?
Estoy trabajando hace ya varios años en un libro de microrrelatos que se llama ‘Fenómenos de circo’ y va a salir este año simultáneamente en Argentina y en España. Son micros sobre el circo, trabajados con una técnica distinta a la que suelo usar: hay una buena parte basados en historias reales. Por eso quiero incorporar al final una serie de minibiografías de los personajes reales que menciono en el libro, que tienen que ser también pequeñas piezas literarias. Y siempre van salieron libros para chicos. En este momento salió a la calle un libro en el que estuve trabajando casi todo el año pasado: ‘Dioses y héroes de la mitología griega’.
Ana María Shua nació en la ciudad de Buenos Aires, el 22 de abril de 1951, bajo el nombre de Ana María Schoua. Es Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1976, durante la dictadura militar, vivió por algún tiempo en Francia, donde colaboró como periodista en la revista Cambio 16. Varias de sus obras fueron traducidas a otros idiomas y recibieron premios nacionales e internacionales. En 2004 la Fundación Konex distinguió su trayectoria profesional con el Diploma al Mérito en la categoría “Cuento”, galardón que se otorgó a los escritores más destacados en los últimos diez años.
La mujer, por Ana María Shua:
Un hombre sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que jamás en su sueño podrá alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a su lado y el hombre descubre, decepcionado, que ya es suya.
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