Muchas veces había querido iniciar una novela. Corta, nada demasiado ambicioso. Quise ser Kerouac, aunque mi vida no alcanzara para uno solo de sus capítulos.
Una vez le comenté mis intenciones trascendentales a Evelina.
- Intentalo, no perdés nada – dijo sin sacar los ojos de la tevé.
- Bien.
Había conocido a Evelina en unas vacaciones. Sus amigas eran también las mías y las casas donde nos hospedábamos no quedaban demasiado distantes entre sí. Nos conocimos una de esas noches en que se sueña que pasará todo y, generalmente, no pasa nada. Ellas vinieron a casa. Como de costumbre, yo estaba bebiendo y hablando mal del mundo cuando se sentó a mi lado. Antes de echarme en el sillón, había puesto un disco de los Beatles, ganándome el insulto de mis amigos, que escuchaban una estrepitosa banda de rock and roll que cantaba canciones sobre sexo y cocaína y, según la teoría, daba un clima propicio al evento.
- Hola. ¿Te gustan los Beatles?
- Evidentemente – contesté con particular cortesía, mientras hundía mi cara en la copa.
Hablamos un poco de música y comenzó a gustarme. Teníamos muchos gustos compartidos. Su manera de hablar era dulce y sensual y sobre todo me gustaba que la charla nos había aislado de las siempre estúpidas reuniones de chicos y chicas que recién se conocen y se estudian para saber con quién se acostarán primero.
Ella parecía haberlo decidido rápido, yo comenzaba a decidirme. Me gustaban sus ojos, dos faroles de perfecta redondez celeste, y su boca, pequeña y roja, hogar de dientes que centellaban cada vez que reía, cosa que hacía regularmente, echando su cabeza hacia atrás y desnudando un cuello blanco como las plumas de una gaviota.
Estuvimos hablando de música y de cuán magnífico habría sido vivir en San Francisco en mil novecientos sesenta y siete cuando al resto se le ocurrió ir a bailar.
Los dos pensamos lo mismo, pero cuando ella vio que estaba resuelto a no moverme y que todos supieran que dormiríamos juntos apenas dos horas después de conocernos, me tomó del brazo y me subió al coche de Lucas, uno de los más ebrios del lugar. Me senté junto a la ventanilla y ella usó mis muslos de butaca. No me dirigió la palabra durante el viaje. Yo disfrutaba del aroma de su cabello recién lavado volando en mi rostro.
Luego todo sucedió rápido. Entramos al bar, nos alejamos del grupo y bebimos cerveza juntos largo rato. Me divertía. Era inocente pero con la cuota justa de misteriosa lujuria. Sabía cómo hablarle a un hombre. Se acercaba a mi oído con frecuencia, impregnándome con su perfume y apoyando su cuerpo sobre el mío, que permanecía inerte, inmovilizado por un pudor que ya es patológico. Cuando nos besamos pensé cuánto tardaríamos en llegar a la cama. Nos sonreímos el uno al otro. La volví a besar en lugar de hablarle. Vacié el vaso y partimos, tomados del brazo y riéndonos de los demás.
Ahora, tras su respuesta, me pregunto si podemos reírnos de alguien.
4 dejaron su parecer:
Te va a hablar Cortázar: "Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas"
Después habla de un napolitano que hizo de un tornillo un mundo..."Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella..."
Me gustó el relato de cómo se conocieron. Que feo que te contesten corto y sin mirarte, sobre todo si estan mirando la tv.
me gusta el juego erótico q propone el relato. sintético, sin metáforas erran los atajos literarios: minimalista.
me keda la duda de la importancia de lucas, que les ¿prestó o se dejó robar el auto?
salud !!!!
Quetrenero: Lucas es apenas quien, en su coche, los lleva, como a otros, hasta el bar. Un absoluto subalterno.
Salud y fraternos saludos a toda la RES.
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