11 de mayo de 2012

Sé lo que quiero y lo quiero ya


Entrevista con Ya

Muchas canciones, un disco y la ansiedad de salir al ruedo. Tardecita porteña con una banda hecha en casa que sabe adónde va y cómo quiere llegar

Juanjo Gaspari todavía recuerda aquella ceremonia mens sana en que lo premiaron como el mejor de su camada. Recuerda contra quiénes compitió, la ropa con que su madre lo vistió para la ocasión y la satisfacción por el reconocimiento. Tras la distinción, uno de los jugadores del plantel albiazul de entonces –Pedro Troglio- lo invitó a su mesa, le hizo un lugar en su fibroso cuádriceps derecho y le indicó el abecé del profesionalismo en el deporte: entrenar cada día más, ingerir equilibradamente y descansar bien.
Ahora ríe. Está en un bar de la ciudad de Buenos Aires, con sus amigos y compañeros de ruta actual –ninguno de los cuales lleva shorts- hablando de un disco de rock. Aunque aún no tiene nombre, el primer álbum de Ya –su banda- está terminado: catorce canciones pulidas con esmero durante algo más de cuatro meses de ensayo y que encontraron su forma final en los Estudios del Abasto bajo la supervisión de Álvaro Villagra.   
-¿Cómo se están moviendo para editar? –preguntó el periodista.
-Por ahora, al disco lo bancamos todo nosotros –responde Juanjo indicando con la vista a Bernardo Criscuolo (bajo), Lucas Fiorentino (batería) y Odin Shwartz (teclado y guitarra), los otros miembros de la banda además de él y Andrés Cortés (primera guitarra), su amigo y socio compositivo-. Fuimos los productores ejecutivos, bancamos la grabación y a la vez lo produjimos artísticamente nosotros, así que somos los productores en todo sentido. Y creo que vamos a salir así, por lo menos hasta que alguien se interese. Ahí se verá que se hace, pero yo no quiero tenerlo en un cajón esperando a que lo saquen.
-¿Y hasta cuándo van a esperar?
-No, no vamos a esperar nada.

Lo que queda es aguardar el fin de las masterización y definir un par de cuestiones nada irrelevantes: el diseño gráfico de la edición y el formato. “Laburamos una bocha para el disco así que queremos hacer una linda edición –señala Juanjo-. Estamos pensando en el arte y en cómo lo vamos a hacer llegar a la gente”. Y reafirma: “estamos muy contentos con el resultado y creemos que va a estar bueno. También por eso queremos hacer algo lindo. Si bien creemos en la difusión por internet no nos conformamos con eso; nos parece que estaría bueno que el producto tenga algo, que no sea simplemente un link sino que tenga una identidad más allá de la música”. Para Bernardo, que se encarga del plano visual, “los medios digitales son excelentes para difundir pero desde la cuestión minuciosa del audio y de escuchar realmente lo que se grabó y con la calidad que se lo hizo le falta un toque; en un myspace no lo vas a escuchar igual que en un disco”.
El quinteto registró las 14 canciones del disco en Estudio del Abasto –donde grabaron desde Pappo hasta Raly Barrionuevo, pasando por Palo Pandolfo, los platenses La Valvular y Ciro y Los Persas, formación de la que Gaspari formó parte- y en complicidad con varios amigos. Hay aportes del guitarrista estadounidense Jimmy Rip, del baterista exVirus Lulo Isod (quien hizo las veces de drumdoctor), de la armonoquista Natacha Seara, de Gonzalo Santos y Julián Galante en vientos, de Juan Lucas en percusiones y de Julián Carranza en lap steel. Antes, el grupo realizó una preproducción que les allanó el camino dentro del estudio y dejó cuatro episodios que pueden escucharse en el myspace de la banda (myspace.com/yasuena o facebook.com/YaRock).
“Es un disco bastante autobiográfico en cuanto a la música y las letras –dice Juanjo sobre el debut de Ya-. Es como que están todas nuestras influencias; es decir que está lo nuestro con todo lo que nos gusta”. “En la música somos del mismo palo, pero a la vez ese palo es muy amplio, porque todos escuchamos mucha música –agrega-. Nos gusta el rock, pero todos escuchamos mucha música. Las influencias son amplias y sale rock pero es amplio; no es que somos cinco rollingstones pero somos todos más o menos parecidos. Es como que uno es la extensión del otro”.
En el vivo las palabras de Juanjo adquieren mayor valor. Sobre el escenario –y también abajo-, y en la hermandad de sus miembros, la banda transmite la energía y la frescura de un puñado de niños sueltos en un pelotero. Contagia. Es curioso, porque además de la música está el humor, o lo que comúnmente llamamos “buena onda”. “Yo siempre hice música por lo que me genera y por lo que me pasa –suelta Juanjo-. Cuando me subo al escenario y toco es como que me transporto a un lugar donde no tengo el control de mi cuerpo. Me pasa eso. Muchas veces me encuentro haciendo una pelotudez que cuando la veo en alguna foto me digo ‘¡cómo puedo estar así!’”. Para Lucas, la cuestión pasa por “lo bien que la pasamos juntos”. “Capaz que nos juntamos a comer y jodemos igual, de la misma manera que lo hacemos en un show” testimonia Bernardo. “Aparte, el que nos conoce sabe que es así –dice Lucas-. Porque pasa que, cuando uno ve una banda, sospecha si es un producto o si está armado. Y el que nos conoce sabe que la misma boludez que hacemos arriba del escenario la hacemos abajo. Somos así todo el tiempo. Y eso hace que la gente se lo crea porque en definitiva es verdad, no es algo armado”.

Sale a la cancha

El álbum fue compuesto mayoritariamente por la sociedad Gaspari-Cortés, los dos miembros platenses del grupo. “Andrés y yo venimos trabajando desde el 2006 o 2007 y estamos acostumbrados a funcionar como dúo –relata Juanjo-. Así que gran parte del disco salió así y otra buena parte salió por separado: él compuso por su lado, yo por el mío, y después nos juntamos. Los arreglos son de todos, cada instrumento aporta lo que le parece”. De hecho, el grupo tiene varios métodos de producción. Además de la tradicional composición en solitario y la puesta en común en los ensayos, la banda emplea una especie de zapada virtual permanente: “laburamos un montón cada uno en sus casas, grabando cada uno en sus estudiecitos caseros; así vamos laburando, nos enviamos las cosas por mail y vamos sumando ideas. Eso hace que lleguemos a la sala con un concepto más armado”, sella Juanjo. Si bien “se labura en función de las canciones siempre”, “lo esencial –asegura Odin Schwarz- es poder transmitir el mensaje de la canción”. Eso significa que si el espíritu del tema es el vuelo e irnos por las ramas, “vamos por ahí”.
Y ahí, en Ya, están todos a gusto. Después de varias formaciones y músicas, e incluso en medio de otros proyectos que cada miembro encara a la par, el grupo parece haber llegado a un estado de primera madurez musical donde cada uno es capaz de explotar las experiencias de, entre esto y aquello, un decenio tocando. Bernardo lo explica así: “a la hora de sonar es la unión de las influencias y los proyectos que cada uno fue teniendo durante estos años, tanto tocando en vivo como grabando. Es el sonido que cada uno fue buscando, encontrando y ampliando. Y ahora podés elegir qué tomar para cada canción”. “Cada uno de nosotros tiene otros proyectos distintos y a todos nos gusta tocar –completa Juanjo-. Y ese hecho de tocar tantas cosas diferentes y con otra gente hace que se enriquezca la banda”. El caso del guitarrista y vocalista es significativo. Hasta hace unos meses, formó parte de Los Persas, la banda que acompañó a Ciro Martínez en su primera aventura solista post-Los Piojos. Hubo en esa etapa, signada por varias tocadas mensuales, viajes y shows multitudinarios, experiencias que hoy Juanjo aplica a su proyecto. “Cuando trabajé el disco de Ciro aprendí un montón de cosas, desde cómo tocar y sonar, que lo pude traer y utilizar a favor de la banda –expone-. Y a la hora de buscar los audios de las guitarras, por ejemplo, fue bastante corto. Sabíamos a dónde queríamos llegar”. “Con Andrés tocábamos dos o tres veces por mes y había veces que hacíamos cinco shows en un solo mes. Y a nosotros eso nos está costando ahora –admite-, porque es una movida que bancamos nosotros”. Cosas de la independencia.
Ya estuvo en La Trastienda Club local compartiendo escenario con La Patrulla Espacial y Patanes y espera poder volver a La Plata para presentar el inminente lanzamiento. Por ahora, los planes se reparten entre Rosario y la Capital Federal, donde la banda platense-quilmeña-porteña hizo pie y tejió la red de solidaridades rockeras.  “Cuando yo tocaba en La Plata –recuerda Juanjo-, hace seis o siete años, era más o menos igual. Es como un método: bandas amigas que se dan una mano. Igual noto que hay más solidaridad acá. Hay más bandas y son como más solidarias entre los músicos. Eso es lo que experimenté”.
Ahora las energías están puestas que poder sacar a la luz el disco para luego poder salir a tocarlo. “Yo lo escucho ahora y me parece que está todo bien con el disco. Y sí me ha pasado con otras bandas de terminar un disco y decir ‘mmm, bueno, está bien pero para la próxima…’. Pero con este disco no me pasa esto –subraya Odin-. Me parece que grabamos en un estudio que es una especie de leyenda de los estudios de grabación de rock de Buenos Aires, con un tipo como Álvaro que es un capo absoluto y que nos sacó la onda al toque y nos hizo sonar como queremos sonar”. Fue, según un viaje metafórico de Lucas, un equipo que sabía a qué jugar con un director técnico capaz de sacarle a cada jugador lo mejor de sus cualidades. Además, dicen, el estudio de Villagra es sencillamente “mágico”: “pasan cosas ahí adentro –asegura Juanjo-. Cuando Andrés grabó las lead lo mirábamos y nos abrazábamos, llorábamos por poco”.
El objetivo es que el material, bien fresco, no deje de salir antes de mediados de año. Aunque la ansiedad –la nuestra y la de Ya-, tal vez, nos dé la oportunidad de tenerlo antes.
Juanjo: “Aparece el solo de Jimmy Rip y la flasheamos. Estamos re copados. Yo me subo al auto y lo pongo. Voy a La Plata y lo escucho de ida y de vuelta, llego y se lo muestro a mi hermano…Estoy muy ansioso”.
Bernardo: “El disco es algo para compartir, pero todavía está puertas adentro. No tenemos otro sentimiento que el que tuvimos grabando. Quizás cuando salga y lo escuche otra gente sea diferente”.
Lucas: “Es como si nos enteráramos que está embarazada nuestra mujer y todavía no dijiste ‘bueno, voy a ser papá’. Con la nota es como que empezamos a decirlo”.
Juanjo mira incrédulo la nueva aventura metafórica de su baterista. Dice: “Bien. Estás leyendo”. 

Texto para De Garage nº52.

21 de abril de 2012


La cosa de la “gran técnica” es una deformación cultural, pertenece al ámbito  de la Gran Señora Cultura en la que los músicos son Los Grandes Intérpretes. El rock siempre fue criticado como música estúpida por los cultistas. Pero yo ahora escucho buenos rockeros del cincuenta y me doy cuenta que sonaban simples a propósito, porque buscaban una comunicación directa. No es que no pudieran tocar más complicado o no supieran hacer armonías. Y eso también pasa con nosotros. Yo quiero transmitir sensibilidad, comunicarme.

Federico Moura a Pipo Lernoud. 1986.

17 de abril de 2012

Yo me iré en silencio


Hola mundo cruel es el único larga duración de La Colifa, una banda que desde una estética popular y un eclecticismo persistente dejó un puñado de bellas canciones y una huella todavía reconocible. Entre abril de 2003 y el mismo mes del año siguiente, el grupo registró en Estudio EMU el que a la postre sería su único disco por fuera de dos demos, uno previo a la grabación y otro de 2006. La banda estaba conformada por Ramiro García Morete, responsable de la voz y las letras, Nicolás Mirabella –guitarra-, Diego Repice –batería-, Ezequiel Gómez Santamaría –bajo-, Ignacio Benito –percusión- y Santiago Saltalamacchia –guitarra, charango y melódica-. En las sesiones también participó Diego Yanivella, quien aportó teclas y arreglos.

Los recuerdos de aquellos meses no son los mejores. “Fue un esfuerzo terrible, porque nos costó un montón terminarlo”, recuerda Mirabella. “Lo recuerdo como un momento complicado, de estar adentro de mi casa; tuve como un período pésimo: me la pasé enfermo”, rememora Ramiro García Morete. Además, para el cantante, “no es ni ahí el mejor material, aunque sí es el que está grabado con mayor calidad y dedicación”. “La banda tuvo canciones buenísimas, pero no las supo grabar” afirma quien fuera el histriónico vocalista del grupo.

Para ambos, la banda no supo transmitir al estudio la energía que tenía en sus más que populares presentaciones en vivo. “El disco suena prolijo y nosotros en vivo éramos una banda mucho más enérgica. Y no es que nos salió así, sino que queríamos sonar distinto. Por ahí nos equivocamos en la decisión”, concede García Morete. “En un momento se pensó en grabarlo en vivo porque no había un sonido que nosotros dijésemos ‘quiero sonar así’” admite Mirabella. Su amigo acuerda: “me parece que el mayor mérito de la banda es que no tenía una fórmula y eso nos jugó en contra en el sentido de que no teníamos claro cómo queríamos ser”.

Por entonces, el grupo humano que conformaba La Colifa no superaba los 23 años y no había tenido suficiente experiencia en estudios de grabación. A criterio de García Morete y Mirabella, Hola mundo cruel es la fotografía de “una etapa rara, de transición”. “Si vos mirás el disco, que tiene once canciones, parece el grandes éxitos de una banda de veinte años porque es una mezcla increíble”, evalúa Mirabella quien, asegura, hace años que no escucha el álbum. “Tengo algunos compañeros de laburo que lo escuchan y les encanta pero yo no me acuerdo lo que estaba tocando, ni cuándo hice esas cosas” admite el guitarrista. “Cambiábamos muy rápido”, asegura Ramiro. “Era una banda que hacía un montón de tipos de canciones y que buscaba un montón de sonidos y las bandas necesitan su desarrollo. Por ahí hoy estás copado con cierto tipo de canción y un tipo de guitarrista y dentro de seis meses querés ir para otro lado, pero a la vez se lo tenés que hacer llegar a un grupo y esos procesos son complejos. Y en el medio teníamos que grabar. Porque el primer demo que grabamos no nos representaba. A mí no me representaba”, cuenta Miro, el único de los miembros del grupo que continuó componiendo, grabando y editando. Después del primer demo, dice, dejó de fumar y de escuchar tango para que dejaran de decirle que se parecía a Ciro Martínez, de Los Piojos. Muchos relacionaban al grupo con la estética futbolera de la banda de El Palomar, aunque para su vocalista había más puentes con Los Visitantes “desde lo conceptual, no desde el sonido”. De hecho, el disco está cruzado por líneas ideológicas cultivadas en el contexto post crisis 2001-2002. Desde la portada –ideada por García Morete y ejecutada por Gastón Grosso- en la que la imagen de un hombre en blanco y negro saluda escondiendo una amenazante cuchilla solo visible en la contratapa, el disco es una declaratoria filosófica contra las divisorias maniqueas y la demagogia política que hace hincapié en las responsabilidades del ser humano en el devenir de su destino. Tras el reclamo para que se fueran todos, La Colifa ponía el ojo en las culpas de cada hombre: “era una banda que abordaba lo popular sin ser populista”. García Morete siente que era lo que tenían que decir: “no escribiría ni una letra como las que escribía en esa época, pero sí te diría que, según el momento en que estaba y lo que pensaba, no me arrepiento ni de una coma”.

La mirada del guitarrista es más severa. Para él, la banda nunca pudo plasmar un estilo en el álbum: “no tiene un sonido característico; yo escuché el disco y enseguida lo quise devolver”. Por su parte, el vocalista advierte que el material está “pésimamente cantado” y que fueron las cosas menos cuidadas, como el tema Páginas borradas, lo que mejor funcionó. “Es como la foto del viaje de egresados –compara García Morete-: sos vos, te encantó y es lo que tenías que hacer pero hoy no lo harías así… No te arrepentís pero tampoco lo volverías a hacer”. “Yo hoy haría otro disco pero a la vez hay que ser justos y decir que estuvo muy bien para tener 23 años –relexiona-. Incluso si hubiésemos tenido 30 tampoco hubiera estado mal”. Para ambos, la banda estaba más a punto en 2006, cuando grabó su último demo, un registro casi casero de tres canciones. “Ese día sí sabíamos cómo queríamos que sonaran las cosas”, asegura García Morete.

Pero ya era tarde. El crecimiento personal de cada uno de los músicos más algún percance de salud minaron el camino del grupo, que terminó desvaneciéndose sin ruido ni conflicto. “Yo hubiese querido que haya peleas para poder explicar por qué nos separamos” dice Ramiro, quien reencauzó las canciones que había compuesto para la banda en sus proyectos posteriores. Según él, la de la banda fue una etapa necesaria y de la que está cada día más orgulloso. Especialmente después de aquel recital en un bar de mala muerte en Azul donde, dice, las canciones de La Colifa le salvaron la integridad física. “Estoy cada vez más orgulloso de haber tocado en una banda que se llamó La Colifa. Me encanta haber hecho eso –dice el cantautor-. Quizás porque después hice otras cosas. Me encanta haber estado en cuero al lado de Nico, que tenía el pelo largo y la Gibson Les Paul. Es genial”.

A pesar de las consideraciones de los exmiembros de la banda –que, por si hiciera falta aclararlo, destacan que “nunca se la creyeron” aún cuando pudieron llenar varias veces clubes como el Reconquista-, son muchos los que todavía tienen en su tracklist mental algunos versos de Jugando a las escondidas o Quiero con vos. De hecho, esas canciones le permitieron al grupo encarar una serie de giras e, incluso, el álbum llamó la atención del mismísimo Omar Chabán. A través de dos de sus productores, el responsable de Cromañón le ofreció al grupo platense un contrato por el cual la banda oficiaría de soporte de todas y cada de las fechas que se realizaran en el boliche de Once desde mediados de 2005 en adelante. “Estaba todo muy armado pero algo nos dijo que no, por suerte”, dice Mirabella. “También nos habían propuesto volver a grabar el disco en Del Cielito”, cuenta, aunque las modificaciones estilísticas impulsadas por los operadores de Chabán desmotivaron al grupo que, finalmente, se desvaneció sin tocar siquiera una vez en territorio porteño. Tras la presentación del disco en El Teatro, la banda entró en un impasse del que nunca se recuperaría del todo.

Texto para De Garage Nº51.

9 de abril de 2012

“I’m from La Plata”: Poniéndonos la camiseta



Marcelo Pilegi dirige una selección del rock de La Plata que intentará dar la vuelta al mundo: dieciséis convocados para la foto de un momento extraordinario que, además de alimentar al coleccionismo melómano, nace con la hidalga misión de seguir difundiendo los frutos de la escena más inquieta del país

Los Bituriges Vivisques fueron una tribu gala de la región de Bourges. Hacia el siglo III a. C. se asentaron en una extensión de tierra cercana al océano Atlántico a la que bautizaron Burdigala y que hoy se conoce como Bordeaux. Entre otros atractivos, la ciudad posee el campus universitario más extenso de Europa –el Talence Pessac Gradignan- y acuna a buena parte de los mejores viñedos del mundo. Tal es así que, además de las decenas de establecimientos educativos terciarios, la ciudad francesa cuenta con la Academia de Vino de Burdeos, fundada en 1948 y compuesta por varias docenas de personas interesadas en la más alta calidad en los vinos, entre propietarios de las vendimias, académicos, escritores, artistas, científicos y universitarios.

Casi llorando

Sin embargo, nada de ello, ni la extensa y cruenta historia de ocupaciones y saqueos de la antiquísima villa, inquietó tanto a Marcelo Pilegi como la visita de Él Mató a Un Policía Motorizado a la ciudad. Pilegi, músico platense hoy residente en aquella urbe francesa, confiesa haber “llorado de emoción” cuando vio a la banda del Barrio Jardín de La Plata tocar en un bar de Burdeos. “Nunca lo hubiera imaginado, a ellos que los vi en su primer recital, en una casa, que hayan logrado llegar a este nivel, y estar viéndolos a una cuadra de mi casa pero a 15 mil kilómetros de La Plata -cuenta desde su actual locación-. Fue como un sueño”.

Cuando se embarcó con destino a Francia, Marcelo Pilegi debió dejar la banda en la que estaba tocando –Crema del Cielo- y resignarse a prescindir de la efervescencia artística de la ciudad de toda su vida. Ahora, su manera de exorcizar la nostalgia está por ver la luz: “I’m from La Plata”, el disco compilado que ideó estará disponible en varios puntos del globo desde mediados de 2012.

El proyecto consta de dieciséis canciones de grupos platenses elegidas por Pilegi para ser editadas en un disco de vinilo 12” que se podrá encontrar en lugares tan disímiles como La Plata, Francia o Japón. La empresa es, a la vez, una síntesis que homenajea al extraordinario momento musical de La Plata y un elemento que aporta a su difusión en otras partes del mundo. Forman el equipo Mostruo!, normA, Villelisa, Pérez, Crema del Cielo, Thes Siniestros, Radio Interstellar, Hongo, Shaman y Los Hombres en Shamas, Camión, The Hojas Secas, Güacho, The Falcons, El Milano, La Patrulla Espacial y The Mono’s Giornos.

El capitán

“A las bandas las elegí a criterio personal, me hago cargo de que no soy objetivo en ese punto –admite el mentor de la iniciativa-. Soy bastante cercano a la mayoría de ellas, y quería ayudarlas de alguna manera”. “Pero además pienso que son las que mejores trabajos editaron en estos últimos años”, opina. De hecho, para la cabeza de Discos Make Me Loco –la figura bajo la cual Pilegi opera en su rol de difusor de la música platense-, La Plata es “la ciudad más interesante a nivel musical de todo el país” porque, dice, “está en un estado de efervescencia constante”. “Ha sido así desde que yo lo recuerdo, pero últimamente y debido quizás a las nuevas tecnologías de comunicación se ha vuelto un fenómeno imparable”, describe. Los hechos sostienen la teoría: La Plata lleva casi una década en la cima del ranking de usinas de música joven argentina, en sentido tanto cuantitativo como cualitativo. Bandas nacidas en la capital bonaerense reclutan elogios de la prensa especializada y del público en general. Estelares y Guasones forman parte del elenco estable del mainstream criollo, en tanto que el sonido de los sellos independientes surgidos en La Plata es desde hace unos años influencia ineludible en la escena indie. Además, grupos independientes como Shaman y Los Hombres en Llamas, Güacho o el mencionado Él Mató a Un Policía Motorizado ya realizaron giras europeas y Mostruo!, normA y Thes Siniestros, por ejemplo, también lo hicieron a nivel sudamericano.

En ese contexto, la edición de este primer volumen de “I’m from La Plata” es para Pilegi una forma de aportar “su grano de arena” a la evolución del prodigio. “Soy platense y es un orgullo para mí todo lo que allí pasa en ese nivel –asegura-. Ayudar en lo que sea para seguir alimentando este fenómeno es casi una obligación personal”. Además las condiciones materiales están –quizás excepcionalmente- dadas: no solo por el “buen momento” antes señalado, sino también por su actual enclave en Europa, el único continente donde se siguen produciendo discos de vinilo, el formato elegido por Pilegi para la edición del compilado. “Podría haber hecho una simple compilación en mp3 o en CD, pero el vinilo representa, al menos aquí en Europa, el formato más vigente en este momento” cuenta el baterista. Pilegi, quien se convirtió al vinilo desde hace unos años, piensa que incursionar en el formato le da “un valor agregado” a su proyecto, fuera de que el vinilo “perdura mucho más en el tiempo” y “es una obra en sí misma, resaltando sobretodo el arte de tapa, y dejando espacio para hablar un poco de cada una de las dieciséis bandas también, porque la idea es que deje una huella, una muestra que represente lo mejor posible el panorama musical de la ciudad en este último período”.

Unite al club

La idea, que surgió en una noche de insomnio en Burdeos, fue revitalizada un día después en el consejo vía chat de Gustavo Cáccavo. Fue el alma máter de Villelisa quien imaginó que el proyecto podía ser en parte autosustentable. Es decir, que lo financien las propias canciones: “a él se le ocurrió hacer un concierto de lanzamiento con todas las bandas para recaudar un poco del dinero necesario, algo que yo solo desde aquí no podría hacer –subraya Pilegi-. Esa idea al vuelo se concretará el sábado 28 de abril en el bar Pura Vida, lugar que para mí es pilar fundamental de la movida independiente de la ciudad”. Allí tocarán al menos doce grupos durante toda la noche, divididos en dos escenarios: uno acústico y otro eléctrico. Otros cómplices, además de Cáccavo, y que hicieron su aporte “fundamental” desde la parte gráfica, son Richard Baldoni (normA) y Kubilai Medina (Mostruo!) además, claro, de todas las bandas que participan aportando su música.

El disco, en tanto, será fabricado cuando ni bien se termine su arte de tapa y, según las estimaciones de Pilegi, verá la luz a mediados de este año. Serán unas quinientas copias, algunas de las cuales se podrán conseguir en La Plata y Buenos Aires. Aunque, para el mentor de la iniciativa, lo más importante es que se pueda distribuir en la mayor cantidad posible de países: las gestiones apuntan a España, Francia, Uruguay, México, Suecia, Alemania, Bélgica y hasta Japón. Lo que inicialmente era “una fantasía casi personal” no solo está a punto de convertirse en una realidad de medio millar de ejemplares sino que, también, espera ser el primer eslabón de una cadena que posiblemente tenga una segunda entrega –con grupos por esta vez obviados o con bandas de la década de los ’80 y ’90 actualmente inactivas- y hasta una respuesta desde Francia: “de hecho, he comenzado a pensar en la idea de hacer un futuro compilado versión 'I'm from Bordeaux'”, revela Pilegi. Según él, en el sudoeste de Francia “hay muchas coincidencias” con la forma de encarar el arte que tienen las bandas de La Plata. “Si bien en lo musical prevalecen otros estilos como el garage o el noise, la movida es muy parecida ya que la esencia es casi la misma: una ciudad que vibra al ritmo de la juventud que emigra de otras ciudades a estudiar a las universidades de aquí, en un fenómeno que genera culturalmente propuestas de todo tipo”, cuenta. “La diferencia, si la hay, está en el fenómeno francés de las asociaciones –distingue-. Es allí donde realmente me di cuenta que aquí si se quiere realmente hacer algo se puede, formando una asociación y generando a partir de allí muchas cosas pero enmarcadas y contenidas por el Estado”. Ello, asegura, genera desde asociaciones productoras de conciertos hasta bares asociativos donde exponer o tocar “en un circuito que hace girar la rueda cultural sin tantos obstáculos como los que se presentan en Argentina”, donde se forman “asociaciones 'de hecho' todo el tiempo entre amigos, bandas, etc. para la realización de cualquier evento”.

Nos vemos volando

Una parte de la ciudad de Burdeos, el Puerto de la Luna, está clasificada desde 2007 como Patrimonio de la Humanidad por el conjunto urbano excepcional que representa. El estuario marítimo en forma de croissant del sudoeste francés es destacado por la Unesco como “el triunfo de los filósofos que deseaban hacer ciudades que fueran crisoles de humanismo, universalidad y cultura”, a la vez que elige distinguir “el conjunto urbano y arquitectónico sobresaliente” en lugar de individualizar edificios o sitios de importancia. A la zona se le reconoce, además, su papel histórico como “lugar de intercambio de valores culturales durante más de 2.000 años”.

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El concierto que financiará parcialmente el disco será el sábado 28 de abril –a partir de las 22- en Pura Vida (diagonal 78 e/8 y 61). La entrada costará 20 pesos y con ella se podrá acceder al escenario acústico y el eléctrico:
Escenario Acustico:
El Milano / Shaman Herrera / Crema del Cielo / Thes Siniestros
Escenario Electrico:
Hongo / Camión / The Falcons / Mostruo!.

6 de abril de 2012


-¿Cómo? –dijo en la escuela mi maestro, un irlandés que tenía ojos como de vidrio roto y no poca irritabilidad en los pelos de la nariz-. ¡Cómo! ¿Tienes el tupé de afirmar que si te cayeras del último piso de este edificio y te rompieras la cabeza, dirías que no te caíste ni te lastimaste?

Yo era un niño y me daba miedo todo el mundo, pero no cuando se trataba de mi religión. Estaba acostumbrado al tipo de problema que planteaba ese irlandés. Era inútil discutir, aunque nuestra religión ya había ideado una interesante casuística.

-Lo diría –contesté con frialdad y algo de vanidad-. Y no tendría la cabeza rota.

-No lo dirías –replicó el irlandés-. Claro que no lo dirías. –Los ojos le brillaron de puro placer-. Porque estarías muerto.

Mis compañeros rieron, pero me miraron con admiración.

Victor Sawdon Pritchett, en El santo. 1956.

30 de marzo de 2012

Recuerdo persistente del más surrealista entre los nuestros


“Julio Cortázar. La biografía” en el ciclo cultural de la Fundación Museo de La Plata


El escritor, investigador y docente universitario Mario Goloboff, en compañía del poeta platense Osvaldo Ballina, volvieron sobre la figura del literato argentino con la excusa de la reedición del trabajo biográfico que Goloboff publicara por primera vez en 1998.

La charla pública, con la que se inauguró el Ciclo Cultural 2012 de la Fundación Museo de La Plata “Francisco Pascasio Moreno”, sirvió para recorrer nuevamente la vida y la obra de uno de los escritores clave de nuestro país, a quien Ballina definió como “el mayor cuentista argentino” y de quien Goloboff dijo, reafirmando la tesis de su libro, que es un “escritor del siglo XXI”. Goloboff, quien es docente de la UNLP y pasó buena parte de su vida en Europa, donde continúa enseñando literatura latinoamericana, señaló que aquella idea suya no estaba tan desacertada, siendo que Julio Cortázar continúa estando entre los novelistas y cuentistas más vendidos y consecuentemente leídos por el público argentino y latino en general. Sin embargo, el autor de novelas como Criador de palomas y ensayos como Leer Borges y Genio y figura de Roberto Arlt, precisó que la reedición de su trabajo sobre Cortázar incluye esta vez un nuevo prólogo con actualizaciones sobre sus ideas sobre el autor de Rayuela. La edición que ahora publica Sudestada incluye un prefacio donde Goloboff esboza una nueva mirada sobre la figura y obra del escritor, además del repaso anecdótico de sus breves encuentros en Europa con el protagonista de su trabajo.

-Siendo que fueron contemporáneos por un tiempo en Europa ¿pudo entrevistar alguna vez a Cortázar?

-“Yo lo conocí estando en Toulouse, cuando organizamos unas jornadas de escritores latinoamericanos. Estaban Juan José Saer y Augusto Roa Bastos entre otros y ahí lo conocí a Cortázar. En las tres o cuatro veces que lo vi nunca hablamos de literatura, salvo una vez que muy elegantemente me dijo que había leído un artículo mío sobre Rayuela y que le había gustado. Pero no hablábamos de literatura en aquellos años, hablábamos sobre todo de política, de América Latina, de qué estaba pasando, de qué se podía hacer, etcétera. Personalmente lo encontré una persona muy fina, muy discreta y muy hermética, muy a pesar de todo lo que circula como imagen de él. Sobre todo esto hablo en el nuevo prólogo”.

¿Pero por qué escribir sobre otros escritores, sobre su obra y su vida? Dice Goloboff: “Lo que me digo como respuesta tentativa es que yo como escritor he tratado de ver en qué consiste el laboratorio de los otros; en explorar la cocina de los escritores que admiro o que he admirado y el ver en qué consiste su hechura, de dónde vienen sus textos, por qué, cuáles han sido sus preocupaciones fundamentales. Así fui escribiendo sobre Jorge Luis Borges, sobre otros diez escritores argentinos, sobre Roberto Arlt y muchos otros trabajos sobre escritores latinoamericanos y también europeos que he ido escribiendo a lo largo de los años. Y evidentemente lo que me ha llevado a eso, visto desde hoy, ha sido tratar de ver cómo era la fábrica por dentro de esta literatura que yo tanto aprecio”.

La de Goloboff es una biografía de “un hombre de letras”, tal como él la definió, por lo que carece de los rasgos indiscretos de trabajos periodísticos similares que eligen poner en primer plano las andanzas íntimas de la figura pública. Por el contrario, Goloboff optó por fijar el foco en la literatura de Cortázar y tratar de explicarse por qué la escritura de ciertos textos, su contexto y sus posibles relaciones con la vida de su autor. “Así que por encima de la personalidad plurifacética de Cortázar y sus preocupaciones por el box, el jazz, América Latina y el mundo, aparte de su personalidad mundana y muy atractiva sin duda, yo tenía como horizonte su literatura y lo que me interesaba era hacer la biografía de un hombre de letras –contó quien esta se vez se puso el traje de biógrafo-. Mi intención fue vincular cada uno de los hechos importantes de su vida a los cuentos, los relatos y los textos que él escribió inmediatamente o tiempo después”.

Al mismo tiempo, el autor de la biografía aprovechó la ocasión propiciada por la Fundación (que también lo hubo invitado apenas realizada la primera edición del trabajo) para dejar en claro sus posturas en algunos de los puntos más polémicos y discutidos de la vida pública de Cortázar. Tal como lo dijo Osvaldo Ballina al presentarlo, Goloboff no es alguien que se mantenga al margen de las discusiones culturales, políticas y sociales del país, por lo que no dudó en diferenciarse de algunos de los criterios hegemónicos detrás de los cuales se mira la obra del autor de Bestiario y Cronopios. Puntualmente, Goloboff sostuvo que el supuesto “exilio” de Cortázar en París no era tal, a su juicio, sino que respondía a la importante influencia que tuvo la cultura francesa en su formación. “¿Por qué su fue Cortázar a vivir a Francia? –se pregunta el propio escritor- Porque toda su vida quiso vivir allí, en París. Desde chico hablaba el francés como lengua casi materna o contextual e, incluso, ya en la Argentina, le decían en la escuela ‘el francesito’, según me contó su hermana porque, además, tenía una dificultad para pronunciar la letra ‘r’. Además, lee a los escritores franceses, lee a los surrealistas, se vincula mucho a la cultura francesa desde chico, desde que su madre le leía Julio Verne. Luego, lee muy bien el francés, lo habla, lo traduce, lo enseña en la Universidad de Cuyo, en Mendoza, que es el único lugar donde enseñó literatura. Y después, cuando renuncia a la a la universidad, viene aquí y trabaja en la Cámara del Libro hasta 1951. Consigue una beca del gobierno francés para ir por un período al país. Se queda muy encantado con el viaje, se dice que va a volver y lo hace ya con Aurora, con quien se casa allí”.

Asimismo, es esa vida en la Francia de los años ’50 y ’60 la que trastoca las ideas políticas de Cortázar, tan discutidas desde los años ’70 hasta la actualidad. Según contó Goloboff, aquel literato que a principios de los sesenta recobraría fama mundial vivía “apretadamente” en París, trabajando como repartidor de libros y pasando no pocas penurias económicas hasta que pudo ingresar a la Unesco como traductor. “Por eso, a diferencia de lo que leo y escucho que dicen –aseguró Goloboff-, yo creo que lo que cambia su cabeza desde el punto de vista político es, sobre todo, la vivencia en París durante esa década que es muy difícil para Europa y para Francia en particular. Así que contradigo esta versión que suele correr y que dice que lo que habría cambiado a la cabeza de Cortázar en lo político y literario es la Revolución Cubana. Yo creo que la revolución llega en un momento justo, en el que él estaba buscando un mito poético y político que lo prendiera a la manera de los surrealistas”. Para su biógrafo, Cortázar “llega a proclamarse adherente al socialismo luego de un largo proceso que seguramente se inició aquí, antes de irse, con el descontento que tenía con la sociedad argentina en su conjunto. Si no, no se hubiera ido. Pero llega a la Europa de la inmediata de posguerra, a una Francia con un nivel de vida mucho más bajo que el de la Argentina por aquel entonces, con familias que comen lo que pueden, con una situación política terrible (porque el imperio francés se está desmoronando tras la derrota en Indochina y el inicio de las revueltas en África) que llega a la metrópoli con las acciones del terrorismo antifrancés. Todo esto es lo que él está viviendo y que lo lleva a Rayuela, donde refleja la vida de los marginales en Francia. Y, según él dice, lo lleva también a la escritura de El perseguidor en la que, dice, por primera vez desde los cuentos fantásticos, se encuentra con los seres humanos”. Es este último dato el que esgrime Goloboff para afirmar, también a contrapelo de ciertas tendencias de la crítica, que “no hay dos Cortázar, que no hay dos literaturas: la de los cuentos fantásticos bien depurados y bien escritos y luego los que vendrían con una literatura comprometida con la realidad, donde la anterior, tan excelsa, se malograría”. Para él, en la obra de Cortázar pervive un tratamiento de lo real y lo fantástico que es un sello distintivo: “es, para mí, el primer autor del género fantástico que parte de la realidad cotidiana, doméstica y trivial, y paulatinamente va entrando en una situación fantástica. Y esto es lo que él hace desde los primeros cuentos de Bestiario hasta los últimos, de Deshoras”.

También surgió, a la luz de la conversación con Osvaldo Ballina, un nueva mirada de Goloboff sobre el perfil literario de Cortázar: “una de las cosas que yo he ido profundizando o cambiando en mi acercamiento a Cortázar es que cada vez lo veo más como un representante argentino del surrealismo, cosa que yo no veía ni siquiera en el momento de publicar por primera vez la biografía”. “Hoy lo veo como un hombre que llevó la teoría de las vanguardias y especialmente a las políticas y estéticas la idea de aquella de que ‘vamos a cambiar la vida de los hombres a través del cambio en las formas estéticas’”, expresó el biógrafo.

26 de marzo de 2012


De pronto cesó la disputa. Me deslicé a la cocina y me quedé allí un rato escuchando. Pero no me era posible oír nada más que el martilleo de mi propio corazón, que hacía pum, pum; pum, pum… Se me ocurrió que aquélla era una extraña manera de latir, y, de pronto, comprendí que lo que pasaba era que había dos corazones en esa cocina.

Encendí la luz.

Cora estaba allí, vestida con un quimono rojo. Estaba pálida como una muerta y me miraba fijamente, empuñando un largo y afilado cuchillo. Cuando habló, lo hizo en un murmullo que parecía el silbido de una culebra.

-¿Por qué has vuelto?

James Mallahan Cain, en El cartero llama dos veces. 1945.